SEMANA XXXIV — EVANGELIOS

Lunes xxxiv: «Esta pobre viuda ha dado más que nadie»


Evangelio de San Lucas 21,1-4

• Hace quince días, el domingo 7 de noviembre, se proclamó este mismo episodio evangélico en la versión de san Marcos. ¿Qué sentido tiene la limosna de dos moneditas de la viuda pobre?

• «No se alegren de que los espíritus se les sometan, alégrense de que sus nombres están inscritos en el cielo», dijo Jesús a sus discípulos que regresaban triunfantes de sus correrías apostólicas.

• «La Ciudad de Dios no necesita que la ilumine el sol ni la luna, porque la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero... A ella solo entrarán los inscritos en el Libro de la Vida del Cordero», dice el vidente del Apocalipsis sobre nuestro destino final (Ap 21,23.27).

• Hay, ha habido, habrá a lo largo histórico y a lo ancho geográfico de la humanidad millones y millones de personas que ponen, han puesto, pondrán una cota excelente de humanidad.

• De la inmensa mayoría no sabemos sus nombres. Apenas los sabrá su círculo cercano, familia, amistades, personas con quienes conviven y son enriquecidas por ellas.

• La viuda pobre que echó unas moneditas en las arcas del templo es una de ellas. Al verla, Jesús llama la atención de sus discípulos: «Ella de su pobreza, ha puesto cuanto tenía para vivir».

• Años después al escribir a los corintios, Pablo desentrañará el misterio de ese acto de la viuda, y lo inscribirá en el misterio de la humanidad de Jesús y del despojo que de ella padeció:

• «Conocen –hermanos– la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza» (2 Cor 8,9).

• Jesucristo enriqueció a nuestra humanidad, no con su riqueza divina, sino con su pobreza humana y el despojo de su humanidad en la cruz. La viuda pobre enriqueció a nuestra humanidad con su pobreza y con el despojo de lo que tenía para vivir.

• Como proclama un himno palestino del siglo I: «Por eso Dios, exaltó a Jesús –y a ella– y  les concedió un nombre-sobre-todo-nombre» (Fil 2,9).

 

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Reflexión: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: En tiempos de Jesús, una viuda pobre era la persona más pobre entre los pobres de Israel. - Grecia, año 80: Los pobres son los seguidores de Jesús, y los ricos son los judíos, que además tratan mal a sus obreros cristianos.

• Sentido El Evangelio trata el tema de “La ofrenda de la viuda pobre”. En el texto se pueden distinguir dos ejes:

• Una antítesis (21,1-2). El tesoro del Templo se ubicaba en el Atrio de las mujeres y tenía trece alcancías en forma de embudo con abertura grande. En este lugar, ocurren dos escenas contrapuestas: por un lado, los ricos dan de lo que les sobra; por otro lado, una viuda muy humilde pone dos pequeñas monedas de cobre. Moraleja: El escriba rico que da no arriesga nada con sus dones, como es su dedicación a la Ley, pues su acción no brota de la profundidad de su vida; sin embargo, lo que ofrece la viuda es en el fondo la riqueza de su propia vida.

• Una enseñanza (21,3-4). “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que nadie”: Dios mira más el corazón que las apariencias (1 Samuel 16,7). La viuda supera a cualquier escriba y a cualquier rico, porque éstos aportan desde la vanidad, mientras que ella da desde el amor. Su entrega es más auténtica. “Dio todo lo que tenía para vivir”: Ella da todo lo que posee, cuanto necesita para la subsistencia en el día presente. Se resiste a la vanagloria en lo religioso. Para Cristo, en la ofrenda lo decisivo no es la magnitud de los dones, sino el desprendimiento de la persona que la da; porque el egoísmo y el amor son como dos platillos de la misma balanza; no puede subir uno, si no baja el otro. Mensaje: Si mi limosna no disminuye mi egoísmo, no tiene valor ante Dios. Sin desapego, sin desprendimiento, es imposible adorar al Dios creador y liberador de los seres humanos.

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