EVANGELIO DOMINICAL

Domingo 28º durante el año


Lecturas: II Reyes 5,10.17-17 / Salmo 97,1-4 / II Tim 2,8-13 / Lucas 17,11-19

Botón homilético – Francisco Quijano

Eliseo pide al general sirio Naamán, leproso, que se bañe siete veces en el río Jordán para quedar sano. Naamán no acepta, le parece una acción inútil, esperaba un milagro estrepitoso del profeta. Sus hombres lo convencen, lo hace, queda sano, reconoce al Dios de Israel. Fue una acción inútil, gratuita.

Diez leprosos gritan de lejos: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Jesús de lejos les dice: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Mandato inútil, qué pueden hacer los sacerdotes por ellos. Deciden ir, en el camino quedan curados. Un suceso inexplicable, gratuito.

Uno de los leprosos, samaritano, no acude a los sacerdotes, regresa alabando a Dios en voz alta, se postra ante Jesús, le da las gracias. Su acción s• Ambos episodios están envueltos en la gratuidad de Dios y en la gratitud humana. En el origen de nuestro ser está la gratuidad del amor. La aceptación de ese amor es el origen de nuestra gratitud.

Alabanza en voz alta, que manifiesta el gozo del don recibido; postración y reconocimiento, que expresan la gratitud: la sanción de la lepra culmina en salvación del leproso, Jesús lo corrobora con su palabra: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».

Vivir de la gratuidad y en gratitud es la relación fundante de nuestra existencia. Decía Meister Eckhart, célebre predicador místico dominico: «Si la única oración que dices en toda tu vida es “Gracias”, eso basta».

El domingo pasado en la homilía recordé a Etty Hillesum, joven judía sacrificada en Auschwitz. Estas son unas palabra de su Diario:

«Estoy enormemente agradecida por esta vida. Me siento crecer. Cada día me doy cuenta de mis faltas y de mis mezquindades, pero conozco asimismo mis posibilidades. Y, además, amo, amo a los buenos amigos; pero este afecto no me aísla de los demás seres humanos. Amo a todo lo ancho y hasta los confines del mundo, amo una enormidad, aun a aquellas personas por las que no experimento espontáneamente ninguna simpatía: ¡es preciso llegar hasta ahí! [...] Es sorprendente: cuando me encuentro así, extendida sobre mi espalda, tengo verdaderamente la impresión de estar acurrucada contra la buen y vieja tierra, aunque en realidad reposo sobre un confortable colchón. Pero cuando me encuentro acostada así, tan intensamente presente y distendida a la vez, y tan desbordante de gratitud por todo, es como si estuviera en comunión con todo... sí, ¿con qué? Con la tierra, con el cielo, con Dios, con todo» (22 de febrero de 1942).

• Ilustración atribuida al Maestro de Amberes (1485-1491)

 

• O •

 

Claves para la homilía - Julián Riquelme

 Contexto Palestina, año 30: Se margina a los leprosos de la sociedad y de la religión. Grecia, año 80: Se critica la idea que los judíos tenían de una relación exclusiva con Dios y excluyente de los extranjeros.

► Sentido El Evangelio habla de "los diez leprosos". En el texto se pueden distinguir los siguientes aspectos:

• Camino de Jerusalén (Lc 17,11). Al dirigirse a la Capital, Jesús sale al encuentro de los oprimidos, esclavizados y marginados de cualquier clase, que encuentran dificultad para ser ellos mismos. La lepra era el máximo exponente de la marginación, porque obligaba a los afectados a vivir una situación deshumanizante, desde el punto de vista social y religioso.

• Jesús y los leprosos (Lc 17,12-14). El relato contiene los cuatro pasos religiosos, anteriores al acto maduro de la fe: 1º Súplica profunda y sincera: “¡Jesús,  Maestro, ten compasión de nosotros!”.- 2º Respuesta indirecta de Jesús: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”.- 3º Confianza inicial de los diez en que Jesús puede sanarlos: “Y en el camino”.- 4º En un momento del camino experimentan que están limpios: “Quedaron purificados”. - Los nueve (se supone que eran judíos), se sintieron obligados a cumplir lo que mandaba la Ley: para que el sacerdote los declarara puros y pudieran volver a formar parte de la sociedad y de la religión; se encuentran con el Dios del Templo (Lv 14,1-32).

• Cristo y el samaritano (Lc 17,15-19). En el relato siguen los tres pasos del acto maduro de la fe: 1º Reacción espontánea de uno: “Uno de ellos, al comprobar que estaba sanado, se volvió alabando a Dios y dando gracias”.- 2º Salto al vacío: Sorpresa de Jesús, no por el que vuelve, sino por los que siguieron su camino: “Los otros nueve, ¿dónde están?”.- 3° Confirmación de una verdadera actitud vital, que permite al samaritano alcanzar además la libertad: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.- La confianza de los nueve produjo la sanación, pero la fidelidad del samaritano le condujo a experimentar el Amor de Dios. Él encuentra la presencia de Dios en Jesús. Este personaje no judío es símbolo de la salvación universal. Cristo deja al sanado en su propio ambiente para que sea testigo.

• Fresco de estilo bizantino en el Bautisterio de Parma, Italia, s. xiii