ARTE, POEMAS E IMÁGENES

Veni Sancte Spiritus - Secuencia de Pentecostés
— por Francisco Quijano

Veni, Sancte Spiritus,
et emitte cailitus
lucis tuae radium.

Veni, pater pauperum,
veni, dator munerum,
veni, lumen cordium.

Consolator optime,
dulcis hospes animae,
dulce refrigerium.

In labore requies,
in aestu temperies,
in fletu solatium.

Oh lux beatissima,
reple cordis intima
tuorum fidelium.

Sine tuo numine
nihil est in homine,
nihil innoxium.

Lava quod est sordidum,
riga quod est aridum,
sana quod est saucium.

Flecte quod est rigidum,
fove quod est frigidum,
rege quod est devium.

Da tuis fidelibus
in te confidentibus
sacrum septenarium.

Da virtutis meritum,
da salutis exitum,
da perenne gaudium.
Amen. Alleluia.

Ven, Espíritu Santo,
envíanos del cielo
un rayo de tu luz.

Ven, padre de los pobres,
ven, dador de las gracias,
ven, luz del corazón.

Consolador magnífico,
dulce huesped del alma,
amable refrigerio.

Solaz en el trabajo,
en el ardor frescura,
consuelo en el dolor.

Luz bienaventurada
penetra en lo profundo
de nuestros corazones.

Sin tu poder divino,
en la criatura humana
se pierde la inocencia.

Lava nuestro pecado,
riega nuestra aridez,
cura nuestras dolencias.

Modera al inflexible,
enciende al que se enfría,
dirige al extraviado.

Comunica a tus fieles,
que confían en Ti,
tu gracia septiforme.

Premia nuestra virtud,
sálvanos por tu gracia,
danos tu dicha eterna.
Amen. Aleluya.

 

 

Las secuencias son composiciones musicales sin texto que surgieron en el siglo IX como frases melódicas añadidas a la exclamación Alleluia, montadas sobre la última sílaba como para prolongar o continuar —de allí la palabra sequentia— la exclamación. Estas frases melódicas, que se llaman melismas, se repiten dos veces. Por la dificultad de memorizarlas, se les añadió un texto con rima, como esta Secuencia de Pentecostés.

En la liturgia católica de rito romano se conservan cuatro secuencias: la de Pascua, Victimae paschali laudes; la de Pentecostés, Veni, Sancte Spiritus; la de Corupus Christi, Lauda Sion Salvatorem, compuesta por Tomás de Aquino; y la muy conocida de la Misa de Difuntos, Dies irae.

El texto de la Secuencia de Pentecostes se atribuye a Stephen Langton (1150-1228), Arzobispo de Canterbury; también al rey de Francia Roberto II el Piadoso (970-1031) y al Papa Inocencio III (1160-1216). Tiene las siguientes partes: invocación inicial al Espíritu Santo (estrofas 1 y 2); descripción de sus atributos o cualidades (3 y 4); súplica (5); descripción de su acción de sanar, rehabilitar, perdonar, acompañar (6, 7 y 8); una súplica final para que lleve a plenitud su acción santificadora (9 y 10).

La riqueza del texto se halla en la variedad de imágenes que despliega para comunicar la multiforme y misteriosa acción del Espíritu Santo. San Pablo la describe así: «Existen diversos dones espirituales, pero un mismo Espíritu; existen ministerios diversos, pero un mismo Señor; existen actividades diversas, pero un mismo Dios que ejecuta todo en todos. A cada uno se le da una manifestación del Espíritu para el bien común» (I Cor 12,4-7).

Y San Basilio: «De esta comunión con el Espíritu procede el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las cosas ocultas, la distribución de los dones, el trato celestial, el consorcio con los ángeles; de aquí proviene aquel gozo que nunca terminará, la permanencia en la vida divina, el ser semejantes a Dios y lo más sublime que se puede desear: nuestra propia deificación».

Acompañamos el texto de la Secuencia de Pentecostés y la pintura de El Greco con la melodía gregoriana, interpretada por la Schola Gregoriana Mediolanensis, y dos versiones polifónicas de Josquin des Prés (+ 1521) y Arvo Pärt (Paide, Estonia 1935) de la Misa Berlin.

Y una nota de preceptiva literaria. Es muy dificil replicar rimas (que expresan la sonoridad de las palabras) en las traducciones. Esta versión replica la métrica (que expresa el ritmo). Son versos eptasílabos con una advertencia de la preceptiva: versos de seis sílabas que terminan con palabra aguda, y de ocho que terminan con esdrújula, equivalen a siete sílabas, por ejemplo: Ven, luz del corazón, Consolador magnífico. Y otra advertencia: algunas vocales que pertenecen a dos palabras pueden formar una sílaba prosódica en una figura que se llama sinalefa, por ejemplo: Consuelo_en el dolor, Penetra_en lo profundo.    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Junio 2015