EVANGELIO DOMINICAL

Domingo 30º durante el año (28.10.2018)


Lecturas: Jeremías 33, 7-9 / Salmo 125, 1-6 / Hebreos 5, 1-6 / Marcos 10, 46-52

Botón homilético – Francisco Quijano

● Escenario bullicioso. Jesús sale de Jericó rodeado de un gran gentío. Un mendigo ciego a la vera del camino se entera de que anda por ahí y se pone a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!» Muchos lo reprenden para que se calle. Él repite más fuerte: «¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!»

● Jesús se detiene y les dice: «¡Llámenlo!» ¿Y qué sucede? Los que pedían al ciego que se callara, ellos u otros, le dicen: «¡Ánimo, levántate, que te llama!» Como quien dice: «¡Échale ganas, te está llamando!»

● Sorprendente. El alboroto del gentío en torno a Jesús, como enjambre de periodistas y fotógrafos que envuelve a celebridades del espectáculo y la política, se calma. No solo eso, hay un cambio de actitudes: muchos que callaban al ciego ahora le dan ánimos.

● ¿Qué ha pasado aquí? Este episodio es como una parábola acerca de la oración y la fe. Dos pequeños libros que estuvieron de moda hace unas décadas, la Filocalia (Amor de lo bello) y Relatos de un peregrino ruso, recogen la tradición oriental sobre la oración del siglo IV al siglo XIX.

● ¿Qué nos enseña esta tradición tan antigua? Algo que está ahora de moda con la práctica del yoga y los ejercicios de respiración para apaciguar nuestro espíritu. Estos monjes y devotos descubrieron lo que se llama  la “oración de Jesús” o la “oración del corazón”.

● Si quieres encontrar paz, sosiego y profundidad en tu vida, repite, murmurándola o en silencio, esta oración: «¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!». Hazlo una y otra vez de forma acompasada, aspirando y expirando, sintiendo los latidos de tu corazón.

● Escucharás entonces que Jesús te dice: «¡Ven, deja tus preocupaciones, ponte en paz contigo y conmigo!» Descubrirás también que vas a recuperar una visión más profunda de tu vida, de las personas con quienes convives, de quienes te piden ayuda. Esa de la eficacia de la oración del ciego Bartimeo.

 


Bartimeo - Codex Egberti (980-993)

 

Claves para la homilía – Julián Riquelme

► Contexto - Palestina, año 30: En el camino de Jericó a Jerusalén, aparece esta sanación, que resume la actitud de los discípulos al final de la evangelización de Jesús en Galilea, antes de entrar en la capital. - Roma, año 70: En medio de la persecución, los seguidores del Resucitado necesitan mayor claridad para ver mejor el camino del servicio por amor, que conduce al Reinado de Dios.

► Sentido El Evangelio es una catequesis post pascual con muchos símbolos. El tema del relato es “El ciego de Jericó”. Su estructura contiene estos ejes:

● La caravana y el ciego (Mc 10,46). La comitiva del Nazareno se encuentra con el ciego Bartimeo al abandonar Jericó. El mendigo está sentado “junto al camino”: no puede seguir a Cristo, porque “no ve”. Bartimeo es el símbolo de los marginados, está fuera del camino, tirado en la cuneta, sin poder moverse, escuchando cómo los demás pasan y dependiendo de ellos.- Hay ceguera en una comunidad “cristiana”, cuando es nacionalista y cuando en su peregrinar abandona a los pobres.

● Los gritos de auxilio y el llamamiento (Mc 10,47-50). “Hijo de David”: El mendigo ciego no se resigna. Sigue intentando superar su situación, a pesar de la oposición de la gente. Inicialmente el ciego manifiesta una confesión mesiánica nacionalista. “Lo reprendían para que se callara”: La multitud pretende silenciar los gritos del ciego, porque su indigencia les produce molestia. La primera actitud de la caravana es excluir al mendigo: No quieren saber nada de los problemas de Bartimeo. Consideran que la situación en que se encuentra el mendigo, no tiene derecho a protestar ni a gritar. Debe aguantar y callarse. Sin embargo, la súplica reiterada del ciego, señal de la maduración de su fe, logra que se detenga el cortejo de Jesús. “Llámenlo”: En menos de una línea se repite por tres veces el verbo “llamar”. Ante la orden de Cristo, la caravana asume la segunda actitud: Colaboran con el Señor. Así la llamada antecede al seguimiento. “Arrojando su manto, se puso de pie de un salto, y fue hacia Él”: Al menor síntoma de acogida, el ciego tira el manto y da un salto. El mendigo antes andaba a tientas y con cuidado. Ahora confía, aunque no ve. El manto representa la búsqueda del Reino de Israel: éste era el refugio que había arrebozado al ciego hasta el momento, y que ahora se había convertido en un estorbo. Ahora el mendigo asume su segunda actitud: Pone sus esperanzas en antes esperaba al falso “Mesías davídico”, ahora se acerca al auténtico Jesús.

● La reacción del Nazareno y el seguimiento (Mc 10,51-52). “¿Qué quieres que haga por ti?”: Jesús no sobreprotege, sino que busca que el necesitado tome la iniciativa. “Que yo pueda ver”: El ciego desea ver para “caminar” con Él. No se trata de alcanzar una visión física, sino de una visión teológica: Ver el camino, para poder seguir al Señor. El camino del amor al prójimo, que conduce hacia el Reinado de Dios. “Vete, tu fe te ha salvado”: El objetivo final es la adhesión a Jesús y el seguimiento. La fe-confianza es la que libera, permite “ver” a Jesús y “seguirlo”: “Y lo siguió por el camino”.- El mensaje teológico es: La fe en Jesús es capaz de iluminar el corazón de los seres humanos, que están ciegos y a obscuras, por distintos motivos.