EVANGELIO DOMINICAL

Domingo 27º durante el año (7.10.2018)


Lecturas: Génesis 2, 18-24  Salmo 127, 1-6  Hebreos 2, 9-11  Marcos 10, 2-16

Botón homilético - Francisco Quijano OP

• «Desde el origen de la creación, Dios los hizo hombre y mujer». En estas palabras se encuentra toda la densidad de la vida de pareja. No son una mera alusión al relato de Génesis 2. Aluden también al origen humano de todas las parejas.

• «¡Qué bien que tú existes! ¡Qué feliz soy de que tú eres!» Esta sorpresa, dicha o no con estas palabras, es el origen de una vida en pareja, es la chispa del enamoramiento.

• Emprender una aventura en pareja es una novedad. Es una creación, una realidad que comienza a existir como de la nada. Es un eco de la creación primordial que lleva el sello de Dios: «Y vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno».

• Hombre y mujer en pareja es la forma primordial de la amistad, de ella derivan las demás relaciones humanas. Tomás de Aquino, siguiendo a Aristóteles, dice: «Lo primero que quiere un amigo es que su amigo exista y viva».

• Entre amantes esto es lo primero que se dicen: «Soy feliz de que tú eres». Nace así el primer amor. A ese amor hay que volver cuando vienen las crisis. Dice el profeta Jeremías: «Recuerdo tu cariño de joven, tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto…».

• Jesús muestra a los fariseos lo que se encuentra en el centro del proyecto de vida en pareja: el amor que hubo entre ambos desde el principio, y el amor originario de Dios que sustenta e impregna el amor humano.

•  En el Sínodo de la Familia de 2015 se trató de la fragilidad del amor humano. De ello da cuenta el relato evangélico: ¿qué hacer ante las crisis? Lo primero, volver al origen del amor de pareja. Y más allá de este, al amor originario de Dios: su ternura que sana nuestras heridas, debilidades y fracasos.
 


Marc Chagall - Ilustración del Cantar de los Cantares

 

Claves para la homilía - Julián Riquelme OP

◙ Contexto. •  Palestina, año 30 : En base a Dt 24,1-4, se admitía el divorcio del varón y se discutía los motivos (Escuelas: la de Hillel, la más laxa; y la de Shammai, la más estricta); sin embargo, Jesús desea que en el matrimonio se cultive una unión fundamentada en un amor auténtico, de cara al Reino de Dios. •  Roma, año 70: Si bien la ley romana otorgaba a la mujer el derecho al divorcio (Mc 10,12), los seguidores de Cristo prefieren que el amor, por el Evangelio, siga creciendo y perfeccionándose toda la vida.

◙ Sentido. El texto habla sobre “el matrimonio y el divorcio”, o más bien sobre “el ideal del matrimonio”. En él se pueden distinguir los siguientes aspectos:

● El inicio de controversia (Mc 10,2-4). Los fariseos buscan poner a prueba al Maestro con el tema del divorcio; las respuestas al asunto pueden constituir un nudo de complicaciones: por un lado, el peligro de impopularidad, y la posible reacción de Herodes Antipas (cf. Mc 6,17-18); por otro lado, la rebeldía contra la Ley (cf. Ex 18,2; Dt 24,1-4). Sin embargo, el Nazareno saca el tema del terreno del legalismo absoluto, para ubicarlo en un campo con nuevos horizontes; por eso, responde con otra pregunta, que ayuda a acercarse a las raíces del asunto; de este modo, encamina a sus interlocutores a hacer una clara distinción entre una reglamentación social (civil) y el sentido de la vida, mirado éste desde la perspectiva de Dios. • Jesús se encuentra con que el divorcio ya existe en Israel.

● La respuesta central de Cristo (Mc 10,5-9). Si en la historia de Israel hay una legislación sobre el divorcio, es una concesión y una condescendencia permitidas, más bien para casos particulares, por el realismo bíblico frente a la fragilidad y mediocridad humanas (Mc 10,5). Pero la misma historia de Israel da cuenta de un proyecto más amplio y generoso sobre el matrimonio en las raíces de la humanidad (Mc 10,6-8b): El sentido de la vida, mirado desde el ideal de Dios, al crear al ser humano como varón y mujer, que abandonan a sus padres, para unirse como pareja (cf. Gn 1,27; 2,22-24), los hace básicamente iguales y los proyecta hacia una meta de plenitud humana en el amor. El valor de esta unión reside, no en que el varón asuma en propiedad a la mujer, sino en que uno y otra se han de enriquecer mutuamente en el amor (Mc 10,8c). Como esta unión de amor entre el varón y la mujer, mirada como un ideal del Dios de la vida, tiende a ser perpetua en vistas a la plenitud de uno y otra; posee una validez trascendente; y, por tanto, sería injusto y "sacrílego" contraponerle de modo absoluto, en el mismo nivel y en todas las circunstancias, un proyecto humano de separación y de divergencia de las parejas (Mc 10,9). • Jesús, de cara al Reino de Dios, quiere que se supere el divorcio, por la frustración que provoca en el varón y en la mujer y en la familia.

● Diálogo en casa entre Jesús y los discípulos (Mc 10,10-12). Indica que la respuesta es para los cristianos y manifiesta la doctrina de la comunidad de Roma del año 70. Allí la mujer gozaba de una autonomía social superior a la que tenía la mujer en Israel, porque podía contar con medios propios de supervivencia, de manera que la simple separación de su marido no la afectaba en su dignidad. Era la ley civil romana, análoga a la del Dt 24,1-4. De lo cual se deduce que si un cristiano o cristiana de la comunidad de Roma andaba mal con su pareja, podía divorciarse y seguir considerándose discípulo o discípula de Jesús. Pero no podía tomar una segunda pareja. • Jesús no condena a los divorciados.