EVANGELIO DOMINICAL

Domingo 26º durante el año (30.9.2018)


Botón homilético – Francisco Quijano OP

Lecturas: Números 11, 25-29; Salmo 18, 8.10.12-14; Santiago 5, 1-5; Marcos 9, 38-43.45.47-48

● Los dichos de Jesús tocan tres puntos: tener un espíritu abierto a los demás y comprensivo; agradecer los dones que recibimos de Dios por los demás; enfrentar con lucidez y arrepentimiento los propios pecados.

● Voy a actualizar estas enseñanzas de Jesús, no con palabras mías, sino con palabras del Papa Francisco en la Carta que escribió al Pueblo de Dios que peregrina en Chile.

● Contra el espíritu sectario y enjuiciador, dice el Papa: «El clericalismo busca siempre controlar y frenar la unción de Dios – que es el Espíritu Santo – sobre su pueblo».

● Lo dice refiriéndose al nosotros, clérigos, jerarquía, cuando pensamos y actuamos como si fuéramos dueños de los dones gratuitos de Dios. Esto era lo que pensaban también sus discípulos.

● A ellos y a nosotros, Jesús dice: No. Si otros hacen el bien, están con nosotros y nosotros con ellos.

● Sobre los dones que recibimos de los demás, dice: «El Espíritu está constantemente en movimiento para ensanchar las miradas estrechas, hacer soñar al que perdió la esperanza, hacer justicia en la verdad y en la caridad, purificar del pecado y la corrupción e invitar a la necesaria conversión».

● Tenemos aquí una compresión actualizada del vaso de agua que recibimos de los demás y que Dios les recompensará. Vivimos porque respiramos en la atmósfera del don de Dios y de los demás que nos envuelve.

● A propósito del daño causado a otros, de nuevo el Papa: «La mejor palabra que podamos dar frente al dolor causado es el compromiso para la conversión personal, comunitaria y social, que aprenda a escuchar y cuidar especialmente a los más vulnerables».

● El mal, decía Jesús en el Evangelio hace unas semanas, proviene del corazón. Dios dijo siglos antes por el profeta Ezequiel: «Arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» (Ez 36, 26).
 



El profeta Ezequiel - Fresco de Miguel Ángel
Capilla Sixtina

 

Claves para la homilía – Julián Riquelme OP
 

◙ Contexto. Palestina, año 30: Quienes realizan sanaciones o exorcismos, se sirven de un nombre con fuerza o poder milagroso. Los discípulos quieren ser los únicos que invocan el Nombre de Jesús en las sanaciones. ⋅ Roma, año 70: En medio de la persecución, algunos discípulos miran en menos a personas de fuera de la comunidad, que sienten simpatía por ellos e invocan el Nombre de Jesús en sus ritos o gestos de sanación.

◙ Sentido. El tema del Evangelio es: “El seguimiento de Cristo no excluye a nadie que trabaje por la humanización”. En el trozo bíblico de hoy se pueden detectar las siguientes partes:

● El valor del Nombre de Jesús (Mc 9,38-40). Una persona, sin ser de los discípulos, usa el Nombre de Jesús para hacer sanaciones o exorcizar; es alguien, que actúa por su cuenta, sin confesarse creyente en el Nazareno, ni pertenecer a su grupo. Los seguidores de Jesús consideran que ese personaje está usurpando el Nombre del Maestro; se ponen intolerantes con él, y tratan de impedírselo, porque los discípulos no pudieron antes expulsar un demonio (Mc 9,14-29). Por su parte, Juan trata el asunto y habla de “los nuestros” o de “nosotros” como la norma central del seguimiento. El Nazareno distingue entre “yo” (v. 39b) y “ustedes” (vv. 39ª.40): quien lucha contra el mal en mi Nombre, aunque no esté con “ustedes”, no está contra “mí”; por eso, “ustedes” no se lo deben impedir, porque quien no esté contra “ustedes”, está por “ustedes”. Del Reino no se excluye a nadie; todos están invitados; quienes buscan sinceramente la humanización, están a favor del Reino de Dios, que predica Jesús, aunque no lo conozcan. En resumen: Cristo corrige el afán de superioridad de los discípulos, su deseo de controlar el naciente movimiento en torno al Maestro, la tendencia a afianzar privilegios propios. • No es conveniente alimentar sentimientos hostiles contra los simpatizantes, o exorcistas sin credenciales. Hay que tratar de potenciar lo que nos une y de superar lo que nos separa. He aquí un criterio para el respeto y el diálogo interreligioso y ecuménico.

● El ejemplo del simpatizante (Mc 9,41). Los discípulos necesitan de la ayuda del simpatizante, que se encuentra fuera de su grupo o comunidad, especialmente en su trabajo misionero. El simpatizante actúa a favor de los seguidores del Maestro, al conocer que éstos pertenecen a Cristo. El Señor promete recompensa para él. • Jesús es patrimonio de la humanidad. El bautizado no tiene el monopolio de todo lo bueno que sucede. Dios actúa libremente, a través de las realidades humanas. La solidaridad por la humanización, venga de donde venga, es regalo del Espíritu Santo.

● La exhortación al amor responsable (Mc 9,42-43.45.47-48). En la Biblia “escandalizar” es impedir la plenitud, el caminar y la maduración de los hermanos, que no han llegado a una fe adulta. Cuando los discípulos reciben la solidaridad por la vida, no deben creerse “fuertes” ni hacerse egocéntricos. Al contrario, han de convertirse en bastón de los “débiles” y pequeños en la fe. Es necesario amar a los otros con todo el ser, incluso con las manos, los pies y los ojos: así se les ayuda a ponerse de pie, para que caminen también ellos hacia la humanización. • El egocentrismo y la autosuficiencia nunca hacen bien a ninguna persona ni a ninguna comunidad: son como una polilla, que, más pronto o más tarde, conducen hacia la prepotencia, el odio y la opresión.