EVANGELIO DOMINICAL

Domingo 20º durante el año (19.8.2018)


Botón homilético                                                                                                     Francisco Quijano OP

Lecturas: Proverbios 9,1-6 / Efesios 5,15-20 / Juan 6,51-59

● «¿Cómo puede este darnos de comer su carne?» –discuten los judíos. No es un simple malentendido literal. Jesús habla del don de su persona, eso significa: «Dar mi carne para que para la vida del mundo».

● Jesús, por su muerte, es causa de vida. Esto fue escándalo para los judíos y lo ha sido en la historia. Esto ha sido proclamado siempre: su carne y su sangre entregadas son vida: «Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

● Antes de comulgar el cuerpo y la sangre de Cristo, comer su carne y beber su sangre es identificarnos con él en la entrega de su persona por nosotros. Cada uno estamos llamados a entregar nuestra vida por los demás.

● Esta es comunión en la vida de Dios: «Yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí». La eucaristía es signo visible de comunión en la vida de Dios, es vivir en Jesús y él en nosotros.

● El misterio que descubrimos en este itinerario de fe es comunión de vida: Dios Padre es su origen; Jesús por su muerte nos comunica la vida del Padre; nosotros al comer su cuerpo y beber su sangre, hacemos nuestra su entrega por los demás.

● ¿Estamos dispuestos a vivir este misterio que hemos descubierto? Con esta pregunta terminará el domingo próximo este episodio del Evangelio de San Juan.

 Mosaico del Centro Aletti: Jesús ofrece pan y agua

 

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Claves para la homilía                                                                            Julián Riquelme OP
 

Contexto • Palestina, año 30: La gente de Cafarnaúm está desconcertada, porque esperan un Enviado de Dios, que sea glorioso. Sin embargo, Jesús es muy sencillo, anuncia el amor a los otros, y su entrega no es bulliciosa • Jerusalén, año 100: Los seguidores de Jesús tienen consciencia de que Cristo comunica la Vida de Dios, que ayuda a transformar el mundo.

Sentido. Esta es una parte del "Discurso del Pan de Vida". Jesús pone la alternativa: o seguirlo o abandonarlo continuando cada uno su propio camino. En este trozo bíblico se pueden detectar, por lo menos, tres rasgos fundamentales:

La actitud de Jesús como alimento. El Maestro de Nazareth afirma: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan, que Yo daré, es mi carne para la Vida del Mundo”. Cristo Pan es principalmente su actitud, su persona, su Evangelio, su Buena Nueva de salvación. • Jesús invita a hacer nuestra su compasión por quienes sufren, su mismo amor por los humildes, su actitud de servicio a ras de tierra.

La preocupación por la vida del mundo. Ante la perplejidad de sus oyentes, el Señor responde de manera solemne: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes; el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día”. La carne y la sangre de Jesús es principalmente su entrega, su compartir, a favor de la Vida, porque Él ha “venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). • Jesús insiste en que hay que asimilarlo como se recibe el alimento, esto es, apropiarse de su energía y hacer nuestra su misma vida. Todo depende de mi actitud vital.

El Nuevo Pan para la Vida Nueva. Finalmente Cristo dice: “Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres, y murieron; el que coma de este pan vivirá eternamente”. Dios Padre hace donación de su Hijo Jesús a todos como pan del cielo. • Practicando la solidaridad con el prójimo exigida por el Evangelio, y participando en la eucaristía, con el pan partido y repartido, viviremos para siempre.

• André Derain (1880-1954): Última Cena